En el puerto de Marsaxlokk, al sureste de Malta, los luzzus —embarcaciones de pesca tradicionales— tiñen el agua con sus llamativos rojos, amarillos, verdes y azules.
A pocos minutos de Valletta, la capital, esta aldea de unos 4.000 habitantes sigue viviendo al ritmo del mar: cada mañana regresan los barcos cargados de pesca fresca, y los domingos el paseo marítimo se anima con un mercado que atrae a lugareños y visitantes por igual.
