Fundado hacia mediados del siglo XIV a orillas del río Black, en el condado de Galway, Irlanda, el convento franciscano de Ross Errilly —conocido popularmente como «Ross Abbey», aunque nunca tuvo abad— es mucho más que unas ruinas bien conservadas: es un laberinto de capillas, claustros y pasillos que guardan siglos de historia religiosa, resistencia y vida cotidiana medieval.