En Boneyard Beach, en el Parque Estatal Hunting Island (Estados Unidos), los árboles parecen haber quedado congelados en plena transformación, como si el tiempo se hubiera detenido entre la vida y la desaparición.
Sus troncos blanqueados y raíces al descubierto cuentan una historia silenciosa de erosión: desde la década de mil novecientos ochenta, el mar avanza aquí con fuerza, devorando hasta nueve metros de costa al año en algunos puntos.
