Victoria, en el sureste de Australia, despliega más de 1.800 kilómetros de costa modelada por el océano Antártico, donde playas de arena clara se funden con aguas turquesas y acantilados escarpados.
Desde el aire, el paisaje recuerda por momentos a la Costa Brava en Girona, aunque aquí la escala es más salvaje y abierta.
