En los arrecifes de la isla Cabilao, en Bohol, Filipinas, los peces payaso han encontrado el hogar definitivo: una anémona de mar armada con miles de células urticantes microscópicas que mantienen alejado a cualquier intruso.
Para la mayoría de los peces, acercarse a una anémona equivale a tocar un campo de minas; para estos pequeños habitantes de colores, es simplemente su dirección.
