Si crees que el alfabeto es sencillo, la carretera japonesa Irohazaka, en Nikkō, te hará cambiar de opinión.

Su nombre proviene del antiguo silabario japonés Iroha, y en el pasado contaba con 48 curvas cerradas, una por cada carácter del alfabeto.

Hoy son dos carreteras de un solo sentido: una para subir y otra para bajar, pero ambas ofrecen un recorrido tan sinuoso como fascinante, donde cada curva parece escribir una nueva historia.