Domingo de Pascua se vive como una fiesta de primavera, de mesa compartida y de detalles hechos con calma.

Una de sus costumbres más queridas es decorar huevos, pintándolos o tiñéndolos, y jugando con motivos geométricos y florales.

El gesto es sencillo, pero convierte una tarde cualquiera en un plan creativo y familiar.

También es una excusa para estrenar la luz de la temporada y llenar la casa de pequeñas piezas únicas.