En el parque natural de la Sierra de Grazalema, en Cádiz, el abejaruco europeo ofrece un espectáculo de color difícil de olvidar.

Esta ave migratoria surca los cielos con destellos verdes, azules y ocres que brillan al sol.

Suele posarse en ramas o cables desde donde observa con atención el vuelo de insectos, especialmente abejas, su alimento preferido.