Entre lagunas africanas, deltas asiáticos y marismas saladas del sur de Europa aparece una silueta elegante, suspendida entre el agua y el cielo: la cigüeñuela de alas negras.

Con sus patas rojas, largas y finas, avanza con calma por aguas poco profundas, a veces en pareja, dibujando movimientos que parecen una coreografía secreta propia de los humedales.