Aragón no es precisamente famosa por sus bosques: más bien es “sol y matorrales” que “sombra y frescor”.
Sin embargo, al subir las laderas del Moncayo, encontrarás un final inesperado: un denso y susurrante bosque de hayas.
La montaña ofrece un espectáculo climático único.
En la base, arbustos mediterráneos; a mitad de camino, robles y pinos; y más arriba, Peña Roya, un auténtico país de las maravillas de hayas que parece decir: “¡Sorpresa!”
