En un tranquilo valle del oeste de Honduras se alzan las ruinas de Copán, una de las joyas de la antigua civilización maya.
Su cielo servía como brújula y calendario, guiando templos, rituales y el ritmo de la vida.
Hacia el año 426 d. C., K’inich Yax K’uk’ Mo’, un guerrero del corazón maya, fundó la ciudad y estableció una dinastía que convirtió a Copán en un centro de arte, astronomía y poder.
