En la prefectura de Okayama, en Japón, las luciérnagas —conocidas como hotaru— transforman las noches de verano en un espectáculo silencioso sobre el agua.
Cuando el aire húmedo envuelve arroyos y estanques, comienzan a brillar unas horas después del atardecer, creando una coreografía de luz que invita a la calma.
