Vista desde lo alto, la Plaza Mayor de Madrid forma una imagen perfecta con sus tejados de tejas y arcos simétricos.
En sus orígenes fue la Plaza del Arrabal, un bullicioso mercado que comenzó a transformarse tras la llegada de la corte real desde Toledo en 1561.
Felipe II impulsó su reforma, aunque las obras comenzaron en 1617, ya bajo el reinado de Felipe III.
